Bully es uno de los lanzamientos más comentados y polarizantes dentro de la discografía reciente de Ye, presentado como una obra desafiante, confrontacional y profundamente autorreferencial. En línea con muchas de sus etapas creativas más controversiales, el proyecto se mueve entre producción maximalista, minimalismo abrupto y una narrativa marcada por conflicto, ego, vulnerabilidad y provocación. Musicalmente, el álbum mezcla hip-hop experimental, gospel distorsionado, industrial y elementos electrónicos, reforzando esa sensación de tensión constante que ha caracterizado buena parte de su trabajo más tardío.